El cuerpo que medita


Disponemos de múltiples inteligencias: corporal, emocional, intelectual… y son como engranajes de una misma máquina.

Existen dos grandes abordajes a lo largo de la historia para desarrollar las capacidades consideradas más “elevadas”. Uno se inserta perfectamente en la herencia cultural judeocristiana: abolir el cuerpo, negarlo, retirarle atención e importancia, para que otras inteligencias afloren. El otro propone desarrollar lo corporal (ese engranaje) como forma de lograr una armonía de conjunto.

Entre las capacidades supramentales que en diversas épocas se persiguieron está la meditación. Hoy en día existen muchos sistemas que proponen desarrollar esa aptitud. En muchos casos se va directo al grano, proponiendo la permanencia en inmovilidad con las piernas cruzadas durante horas. ¿Ya probaste hacerlo? ¿Probaste quedarte inmóvil varios minutos? Desde una mosca hasta las piernas dormidas, al principio todo te dispersa.

Si no estás fuerte, con una estructura biológica resistente, meditar es muy difícil. De hecho, uno de los obstáculos para la meditación que cita un conocido sabio que vivió en el siglo III a.e.c, Pátanjali, es la enfermedad, cuya incidencia se minimiza si hay un cuidado hacia lo corporal.

Si en vez de probar lo más lejano, la meditación, y chocarse contra lo más cercano, el cuerpo, se empieza por prestar atención a lo más cercano y tratar de sentir lo que sucede adentro, por ejemplo escuchar los latidos del corazón, eso cambia la ecuación y el universo corporal se vuelve un aliado para mejorar la concentración, paso previo indispensable para la meditación, que consiste en parar de pensar.

“Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y también ahora es el hombre más mono que cualquier mono. Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?” escribió Nietzsche en su obra Así habló Zaratustra. Este híbrido de planta y fantasma, un ser escindido, es el ser humano desconectado de su patrimonio corporal, sensorial, el espiritualista en busca de elevación... Sin embargo, anterior a esta visión es esa otra que no ve oposición entre cuerpo y alma, no busca diseccionar lo que no sobreviviría por separado. “Si me caigo al suelo me levanto con ayuda del suelo”, es la frase de tradición shakta que resume esta mirada.

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