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Un meteorito en mi mesa

28 Sep 2016

 Max Ernst

 

 

Los dedos y las manos. Las caras de la gente que pasa. Las miradas esquivas, cansinas o indiferentes que cruzás en tu camino. Las páginas del libro que no pasan, que te adormecen, que no te piden avanzar. Aburrimiento. ¿Cuánto tiempo podés resistir una vida desapasionada? Yo sé que tengo muy poca resistencia a ese tipo de vida.

 

De chica me pasaba el verano entero deseando la actividad, contando los minutos interminables de la siesta, conviviendo con la incomodidad de no saber salir de ese caluroso tedio. En algún momento después de la adolescencia descubrí que las horas vagas habían pasado. De alguna manera el tiempo se había llenado de actividades pendientes que hacían fila para tomar su lugar cuando el ocio me visitaba, ocio que ya no merecía su nombre.

 

Me acostumbré a tener siempre algo “importante” que hacer (la relevancia de algo es una cuestión puramente subjetiva, claro, pero a mis ojos cada tarea empezó a cargarse con la magia de la imprescindibilidad). En un momento dado, todo ese cúmulo de tareas pendientes a mis espaldas se volvió una carga pesada, de la cual no era nada fácil librarse, porque todo parecía relevante, necesario, por no decir urgente. Ya empezaba a acariciar la idea del ocio, que antes tanto me fastidiaba, cuando cayó en mi regazo una responsabilidad más grande que todas las otras.

 

Cuando cae un meteorito en tu mesa, te das cuenta de que lavar los platos tal vez no sea la prioridad número uno. Se produce una revolución de valores que rápidamente demanda ajustarse a la nueva situación, y todo lo que antes parecía fundamental pasa a ocupar el último puesto en términos de importancia.

 

Claro que también podemos ignorar el meteorito: hacer como si nada y seguir comiendo junto al nuevo comensal. El apego a la rutina permite que los acontecimientos más raros coexistan con las costumbres sin erosionar la cáscara de la inercia cotidiana. Por mi parte prefiero percibir y reaccionar ante la novedad, si no por otro motivo, por el mero ejercicio de hacer girar mi propia galaxia en torno a un nuevo sol.

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