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Elixir sustentable

4 Jul 2018

 

 

Ya sabés de qué se trata vivir en la sociedad del cansancio, aunque no hayas leído el libro de Byung-Chul Han: sufrir el resultado de un exceso de positividad que te lleva a hacer de todo, en cantidades excesivas. Caer de agotamiento, no por imposiciones externas, sino por una fuerza que te impulsa a sacarle el jugo al tiempo y a la vida. 

 

De una manera cero científica, basada únicamente en mi experiencia y en la observación de figuras que me rodean con altos niveles de exigencia sobre sus espaldas, me permito jugar a encontrar una cura para ese agobio.

 

La clave es la brecha. La brecha es una vía de liberación de la presión, en este caso una presión autoimpuesta. Tiene forma de rajadura, pero ojo porque fácilmente puede ser rellenada y asfaltada hasta convertirse en más de lo mismo, o sea: es una actividad como cualquier otra, en horizontal o en vertical, activa o pasiva, pero su realización no está motorizada por la conciencia del deber hacer sino por una sensación cien por ciento vacacional.

 

No vale que la brecha sea algo fuera del alcance de tus posibilidades. No puede ser algo para lo que precises ganar la lotería o vivir veinte años más, porque si no se transforma en una nueva meta que genera otras actividades igualmente movidas por la conciencia del deber hacer (a mí particularmente me encanta “deber hacer”, cuando soy consciente de los móviles por detrás de ese “deber” y tienen un sentido para mí: no se trata de restar exigencia sino de sumar un elemento, la brecha vacacional). Encontrar ese elemento precioso requiere una mirada escrutadora y al mismo tiempo paseandera, para sondear en las profundidades qué es lo que te causa placer con la mejor ecuación costo-beneficio.

 

Si tenés fuerza y cargás por una hora una mochila de veinte kilos, te sentás a descansar y en cinco minutos como máximo ya estás preparado para seguir otra hora entera, no precisás una hora en el medio para descansar del esfuerzo. Por eso digo que es una brecha, y no una pileta olímpica. Un poquito del elixir mágico ya es suficiente, el tema es saber administrarlo en la dosis necesaria y en los momentos justos, todos los días, porque si no después necesitás un balde de elixir, lo cual es hasta visualmente contradictorio. 

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