La sensación de Fin de Año

Subido por Sede Decana | en Artículos de Yael Barcesat, Filosofía, Interés general | Subido el 17-01-2012

Parecido a la que uno experimenta antes de irse a dormir, después de un día muy ajetreado, el clima de fin de año se percibe en todas partes. Es casi imposible abstraerse de la particularidad de estos días, cargados de una excitación última antes del descanso anhelado.

¿Cuál es la diferencia entre este fin de semana y los otros, para alguien que el lunes retorna a su trabajo como siempre? ¿Por qué surge la necesidad de proyectar el año que viene? ¿No podría ser simplemente una extensión sin cortes del período que pasó? Podrá parecer desde algo mágico, hasta un fenómeno de turbamulta para el que no indaga más profundamente en la raíz de estas festividades.

Según explica el escritor Mircea Eliade en su obra El mito del eterno retorno, desde el nacimiento de las sociedades primitivas, el año nuevo estuvo ligado a la abolición del tabú de la cosecha, que de esa forma se proclama comestible e inofensiva para toda la comunidad. El año nuevo reviste el simbolismo de garantizar la perduración de la vida en ese grupo, motivo más que suficiente para el festejo y la proyección de lo que vendrá.

Estamos indudablemente ligados a ese pasado cíclico, aunque nuestras actividades en muchos casos hayan dejado atrás el ritmo circular de la naturaleza. El día y la noche tienen una influencia tangible sobre nosotros, así como los ciclos lunares y la proximidad del sol…

Tal vez por todo eso sea difícil sustraerse en estos días a la tentación de moldear el próximo calendario, de proponerse desafíos y atar los cabos sueltos que quedaron para el final, si bien ese final es sólo el comienzo de una nueva etapa, y probablemente el mismo sol nos despierte mañana con la sensación celebratoria de un año a estrenar.

Profesora Yael Barcesat

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